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AZULEJOS
Asume el aire
su vocación perdida
la densidad
abierta de tus manos
cuando en la tarde llueve.
Entre tu nombre
y el mío hay un lugar
donde no falta
la luz, la arquitectura
que nace de tu sombra.
Irrepetible,
sorprendida en su vuelo
tu otra imagen.
La certeza del pájaro
te acoge en su huida.
Ojos furtivos
(azules) de mujer
pueblan la casa.
Una mirada incendia
las paredes del cuarto.
Última escena:
(lejos) tu voz desnuda
es un lenguaje
cifrado en lo más liso
del agua, en lo más hondo.
8 de diciembre de 1989